7/31/2015

La sospechosa muerte del dictador Adolfo Hitler

¿En verdad murió el 30 de abril de 1945? No hay pericia, no existen fotos, ni películas, ni registro de su voz, no hay cuerpo, no hay autopsia. No hay nada que confirme la muerte de Adolfo Hitler, responsable de uno de los genocidios más grandes de la historia de la humanidad. Aquí un síntesis del caso.



En el 2009, medios de prensa europeos informaron que un equipo de investigadores de la Universidad de Connecticut (EE.UU.) accedió al supuesto cráneo de Adolfo Hitler, que venía siendo exhibido desde hacía décadas en Moscú. Ellos le realizaron pruebas de ADN y concluyeron que el resto óseo correspondía a una mujer.

Según la historia oficial, Hitler pasó sus últimos días encerrado en el búnker construido bajo la Cancillería del Tercer Reich. Allí dictó las últimas órdenes y su testamento. En ese lugar se habría suicidado junto a su esposa Eva Braun, el 30 de abril de 1945. Los cadáveres de ambos habrían sido incinerados posteriormente, lo que podría explicar la ausencia de restos.

En la tarde del 1 de mayo de 1945, Ia radioemisora de Hamburgo interrumpe su programación para anunciar la muerte del Führer “quien había caído luchando hasta su último aliento contra el bolcheviquismo en su puesto de comando”, dijo.
Ante el anuncio, los rusos dudaron. Según la agencia oficial soviética Tass, esa noticia era un nuevo artificio fascista.

El Comercio informó la muerte de Hitler en la portada del 1 de mayo de 1945



La huída de Hitler de Alemania

Después de 24 horas de la caída de la capital alemana (Berlín), un departamento especial del ejército soviético inicia la búsqueda de Hitler y otros altos mandos nazis. Los agentes comunistas rastrearon la zona, reunieron todas las pruebas de restos humanos que hallaron y declararon que ninguno pertenecía al Führer.

Según el historiador especializado en nazismo, Carlos de Napoli, la falta de evidencias sobre los últimos días de Hitler en Berlín solo se puede explicar de una forma: que este último no estuvo allí durante la caída del Tercer Reich.

Un papel importante en esta historia lo desempeñó el puesto avanzado de la oficina alemana de la Cancillería Imperial, ubicado en Berchtesgaden: el núcleo de poder nazi donde el propio Hitler eligió vivir desde 1923.

Según la investigación de De Napoli, Hitler pasó el final de la guerra en este lugar debido a su ubicación estratégica, donde se escondía una ciudad subterránea compuesta por 6 kilómetros y 700 metros de túneles, que en ese entonces, era desconocido por los Aliados.

Asimismo se construyó un búnker privado para Hitler denominado Berghof en la zona montañosa llamada Obersalzberg, junto al pueblo de Berchtesgaden. En ese lugar Adolfo Hitler y su amante Eva Braun pasaron mucho tiempo durante la década de 1930, y posteriormente se dice que habrían escapado hacia su estancia final: la Patagonia Argentina.

“La fuga de Hitler no hubiera sido posible sin un acuerdo militar entre los nazis y los norteamericanos, que consistía en la salida (de Alemania) de hombres, divisas y tecnología militar para reutilizar todo esto contra el comunismo, a cambio de inmunidad para los nazis y el reciclaje de estos en la estrategia bélica norteamericana”, explica el investigador Abel Basti, quien por más de 20 años se ha encargado de desentrañar el escape del Führer a su país, la Argentina.

Sobre su escape de Alemania todas las teorías que ubican a Hitler huyendo, específicamente de Berchtesgaden, coinciden en que su primer destino fue el puerto de Horten (Noruega) donde funcionaba la base de submarinos del Tercer Reich.

Durante el tiempo en que se llevaron acuerdos secretos en contra del avance soviético se movilizaron más de 40 submarinos nazis a distintas partes del mundo en los que se encontraban altos jerarcas del ejército alemán. Hoy en día se conocen cientos de casos de exiliados en países como Argentina, Chile, Uruguay, entre otros.

La llegada a la república argentina

A mediados de 1945 dos submarinos alemanes se rindieron en la base naval de Mar de Plata, el U530 lo hizo el 10 de julio y el U977 el 17 de agosto. Sin embargo los Estados Unidos acusaron, en el llamado “Libro Azul”, al gobierno de Juan Domingo Perón de haber ordenado trasladar jerarcas nazis en los submarinos, aunque este negó tal acusación.

En una entrevista, Abel Basti hace mención al testimonio de la viuda del capitán Heinz Schaeffer –capitán del submarino U977-, el cual revela que Hitler viajaba en un sumergible distinto al que tripulaba su marido y que desembarcó al sur de la Patagonia Argentina.






A esto se suman unos supuestos archivos desclasificados del FBI en el que se encuentra un documento fechado en agosto de 1945. En este se lee que el informante no identificado, afirma ser una de las cuatro personas que recibió a Hitler y otros alemanes en Argentina, específicamente en la Península de Valdés, golfo de San Matías o también llamado Caleta de los Loros. La persona brindó tal información a cambio de asilo político.

Según las investigaciones de Abel Basti, fue durante los dos primeros mandatos del ex presidente argentino Juan Domingo Perón, que Hitler vivió en la hacienda San Ramón, a unos 15 kilómetros de Bariloche, ciudad considerada uno de los centros de refugio de criminales nazis más importantes del mundo.

Por su parte el historiador Patrick Burnside sostiene en su libro “El escape de Hitler”, que tras un paso por la estancia San Ramón, el Führer se instaló de manera secreta en lo que hoy se conoce como la mansión Inalco, una asombrosa propiedad a la que se llega por el brazo Ultima Esperanza del Lago Nahuel Huapi (Bariloche), que junto a varias hectáreas habría sido comprada por alemanes al arquitecto Alejandro Bustillo (conocido por haber construido inmuebles para la colonia alemana en la zona).

Algunos historiadores afirman que en aquel lugar se encuentran las tumbas del Führer y Eva Braun. Y otros, como Abel Basti, sostienen que el Führer no murió en Argentina, sino que, tras el derrocamiento de Juan Domingo Perón en la llamada Revolución Libertadora (1955), escapa a Paraguay -al igual que otros nazis- adoptando el seudónimo de Kurt Bruno Kirchner.


Décadas han pasado y pese a todas las teorías esbozadas hasta ahora, no existe la prueba irrefutable de que Adolf Hitler haya vivido en la Argentina al finalizar la Segunda Guerra Mundial. La verdad aún se mantiene oculta y lejos de revelarse a cabalidad mientras se mantenga el secretismo en torno al desenlace de una de las figuras más funestas de nuestra historia.

(Diego López Marina)
Fotos: Agencias

Fuente: El Comercio