7/14/2014

“GAZA” por Eduardo Galeano

Para justificarse, el terrorismo de Estado fabrica terroristas: siembra odio y cosecha coartadas. Todo indica que esta carnicería de Gaza, que según sus autores quiere acabar con los terroristas, logrará multiplicarlos.

Desde 1948, los palestinos viven condenados a humillación perpetua. No pueden ni respirar sin permiso. Han perdido su patria, sus tierras, su agua, su libertad, su todo. Ni siquiera tienen derecho a elegir sus gobernantes. Cuando votan a quien no deben votar, son castigados. Gaza está siendo castigada. Se convirtió en una ratonera sin salida, desde que Hamas ganó limpiamente las elecciones en el año 2006. Algo parecido había ocurrido en 1932, cuando el Partido Comunista triunfó en las elecciones de El Salvador. Bañados en sangre, los salvadoreños expiaron su mala conducta y desde entonces vivieron sometidos a dictaduras militares. La democracia es un lujo que no todos merecen.

Son hijos de la impotencia los cohetes caseros que los militantes de Hamas, acorralados en Gaza, disparan con chambona puntería sobre las tierras que habían sido palestinas y que la ocupación israelí usurpó. Y la desesperación, a la orilla de la locura suicida, es la madre de las bravatas que niegan el derecho a la existencia de Israel, gritos sin ninguna eficacia, mientras la muy eficaz guerra de exterminio está negando, desde hace años, el derecho a la existencia de Palestina. Ya poca Palestina queda. Paso a paso, Israel la está borrando del mapa.

Los colonos invaden, y tras ellos los soldados van corrigiendo la frontera. Las balas sacralizan el despojo, en legítima defensa. No hay guerra agresiva que no diga ser guerra defensiva. Hitler invadió Polonia para evitar que Polonia invadiera Alemania. Bush invadió Irak para evitar que Irak invadiera el mundo. En cada una de sus guerras defensivas, Israel se ha tragado otro pedazo de Palestina, y los almuerzos siguen. La devoración se justifica por los títulos de propiedad que la Biblia otorgó, por los dos mil años de persecución que el pueblo judío sufrió, y por el pánico que generan los palestinos al acecho.

Israel es el país que jamás cumple las recomendaciones ni las resoluciones de las Naciones Unidas, el que nunca acata las sentencias de los tribunales internacionales, el que se burla de las leyes internacionales, y es también el único país que ha legalizado la tortura de prisioneros. ¿Quién le regaló el derecho de negar todos los derechos? ¿De dónde viene la impunidad con que Israel está ejecutando la matanza de Gaza? El gobierno español no hubiera podido bombardear impunemente al País Vasco para acabar con ETA, ni el gobierno británico hubiera podido arrasar Irlanda para liquidar a IRA. ¿Acaso la tragedia del Holocausto implica una póliza de eterna impunidad? ¿O esa luz verde proviene de la potencia mandamás que tiene en Israel al más incondicional de sus vasallos?

El ejército israelí, el más moderno y sofisticado del mundo, sabe a quién mata. No mata por error. Mata por horror. Las víctimas civiles se llaman daños colaterales, según el diccionario de otras guerras imperiales. En Gaza, de cada diez daños colaterales, tres son niños. Y suman miles los mutilados, víctimas de la tecnología del descuartizamiento humano, que la industria militar está ensayando exitosamente en esta operación de limpieza étnica.
Y como siempre, siempre lo mismo: en Gaza, cien a uno. Por cada cien palestinos muertos, un israelí.
Gente peligrosa, advierte el otro bombardeo, a cargo de los medios masivos de manipulación, que nos invitan a creer que una vida israelí vale tanto como cien vidas palestinas. Y esos medios también nos invitan a creer que son humanitarias las doscientas bombas atómicas de Israel, y que una potencia nuclear llamada Irán fue la que aniquiló Hiroshima y Nagasaki.

La llamada comunidad internacional, ¿existe?
¿Es algo más que un club de mercaderes, banqueros y guerreros? ¿Es algo más que el nombre artístico que los Estados Unidos se ponen cuando hacen teatro?
Ante la tragedia de Gaza, la hipocresía mundial se luce una vez más. Como siempre, la indiferencia, los discursos vacíos, las declaraciones huecas, las declamaciones altisonantes, las posturas ambiguas, rinden tributo a la sagrada impunidad.


Ante la tragedia de Gaza, los países árabes se lavan las manos. Como siempre. Y como siempre, los países europeos se frotan las manos.
La vieja Europa, tan capaz de belleza y de perversidad, derrama alguna que otra lágrima mientras secretamente celebra esta jugada maestra. Porque la cacería de judíos fue siempre una costumbre europea, pero desde hace medio siglo esa deuda histórica está siendo cobrada a los palestinos, que también son semitas y que nunca fueron, ni son, antisemitas. Ellos están pagando, en sangre contante y sonante, una cuenta ajena.

» Fuente: http://contraindicaciones.net/2012/11/gaza-eduardo-galeano.html

7/01/2014

Cesar Hildebrandt sobre el Fútbol y la Política

El problema del fútbol es que tiene reglas y exige esfuerzos, metas comunes, solidaridad, carácter. Si el fútbol fuera anarquía, salvajismo, incivismo, negación del otro, cutra en mancha, flojera y ningún carácter, seríamos campeones mundiales.

Un país que ama el desorden, la plata fácil, y que engorda una vanidad con pies de barro, ¿por qué habría de tener una buena selección de fútbol?

Un país que se ha vendido a pedacitos, que ahuyenta el patriotismo como sí de una plaga medieval se tratara, que se desarma industrialmente pero muestra a sus cocineros como vanguardia del progreso, que no tiene ni aerolínea propia ni aeropuerto suyo ni Callao que le pertenezca, ¿por qué habría de esperar que Claudio Pizarro sienta la camiseta embanderada como una causa?

Si el Perú no existe, si somos un gran restaurante con aduanas, si llamamos crecimiento de la ciudad a la proliferación de “asentamientos humanos” que habría inspirado a Poe y hecho salivar de gusto a Bela Lugosi, ¿por qué queremos tener una selección de fútbol moderna y competitiva?

Si practicamos la debilidad internacional como virtud y el acomodo de vasallos como norma, ¿por qué queremos que Guerrero se la juegue?

Si desalentamos el nacionalismo bien entendido y nos llenamos de basura china a precios de ganga, ¿a quién le solicitamos entusiasmo por “la bicolor”?

Nuestro campeonato futbolero es un asco. Es un torneo de fracasados en trance de gordura. Apenas sale alguien con talento, resulta que lo venden, a precio prematuro y vil, a algún club de segunda de Turquía. Dos interventoras de Sunat que no saben dónde están paradas gerencian los clubes más importantes del fantasmal “fútbol peruano”. Somos el hazmerreír crónico de la Copa Libertadores. Tenemos casi el monopolio del fracaso.

¿Y la prensa deportiva? ¿Puede haber algo más hediondo que esa mezcla de optimismo tóxico (previo a los partidos) y de alharaca deprimida (posterior a los partidos)?

Corrompida por las entradas y los canjes, las amenazas y los enredos turbios, la prensa deportiva peruana es parte del problema y muchas veces parece escrita por Burga y corregida por Markarián.

Dos millones y doscientos mil dólares ha ganado Marharián en estos últimos tiempos de derrotas cuantiosas. Y ahora se va. Y la gusanera de la prensa deportiva le pide que se quede.

Claro, le piden que se quede, para empezar, los chicos de CMD, que ven peligrar el negocio que tanto les ha rendido: el del embuste, las expectativas infladas con bromuro, las lecturas benévolas que convertían los empates en triunfos, las derrotas en deslices pasajeros y los pocos éxitos en apoteosis catalanas.

Qué bien que no estemos en el Mundial. Habríamos hecho el mismo ridículo que en España 82, cuando los polacos nos barrieron 5 a 1. Habríamos dado la misma pena que dimos cuando los muchachos de Videla (presidente argentino) nos ganaron 6-0 en Argentina 78.

Sólo no dimos pena en México 70. Curiosamente, a pesar de lo que la derecha aterrorizada dijera, en ese momento, con todos nuestros errores, éramos un país, un proyecto entusiasta, una aspiración colectiva de ser mejores y superar nuestras miserias. (los 70 de Juan Velasco Alvarado)

Miren a un equipo de fútbol auténtico. Es, antes que nada, una idea, una estética, un punto de vista táctico. No es una oncena de ambulantes mendigándoles al azar una oportunidad.

Qué bueno que Brasil 2014 no se dé el lujo de reírse de nosotros.


» Este artículo ha sido publicado en el semanario "Hildebrandt en sus trece":